miércoles, 27 de febrero de 2013

12 planes para disfrutar del Puente de Andalucía

¿No sabes qué hacer este puente? Primero, pásate por nuestra página web o nuestra oficina y te aconsejamos. Si aún así te quedas con curiosidad, hemos encontrado un interesante artículo en El País que propone 12 interesantes rutas para disfrutar de nuestra tierra en este Puente de Andalucía. 



Castaños otoñales en el valle del Genal, en bici por la sierra gaditana y catas de vino fino cordobés. Un concentrado de naturaleza, arte y diversión



1. Ascensión a La Sagra (Granada)
Su silueta piramidal es inconfundible y fácil de ver a kilómetros a la redonda. Además, se alza solitaria en mitad del altiplano granadino. Una montaña mágica que parece estar gritando ¡súbeme! Es La Sagra (2.381 metros de altitud), el icono montañero del oriente andaluz. Su ascensión es uno de los rituales anuales para muchos. Hay varias vías de acceso, casi todas fáciles. La mayoría parten desde el collado de La Sagra, en la carretera de La Puebla de Don Fadrique a Collados Nuevos. Desde aquí hay unas cuatro horas, ida y vuelta, a la cumbre.
Los amantes de la adrenalina encontrarán en las palas del Embudo emociones fuertes durante el invierno, cuando la formación de placas de hielo exige el uso de crampones, piolet y equipo adecuado para subir por esta vía de la cara norte. Una de las rutas más asequibles y bellas es la llamada Bosque Vertical, que progresa por un bosque de viejos pinos que llegan casi a la cota de 2.000 metros.

2. El sendero costero del cabo de Gata (Almería)
El cabo de Gata es uno de los espacios naturales emblemáticos de Andalucía. También uno de los más visitados. Pero no todos los que acuden en busca de este desierto "de lagartos y piedras", como escribía Juan Goytisolo, conocen la existencia de una senda costera que permite recorrerlo de extremo a extremo, siempre con el mar a un lado, los acantilados de cenizas volcánicas y dunas fósiles a otro y sin más ruido que el graznido de las gaviotas y el susurro del oleaje.
La senda tiene unos 55 kilómetros de longitud, que se pueden hacer sin problemas en tres días. No está señalizada, pero es casi imposible perderse. Se puede hacer sin mucho peso a las espaldas porque pasa por las principales poblaciones costeras del parque (Las Negras, San José, Los Escullos, San Miguel de Cabo de Gata), donde se puede comer, dormir o avituallarse. Por el lado sur empieza en Aguamarga. Por el norte, en San Miguel de Cabo de Gata. Uno de los lugares más singulares por los que pasa es la cala de San Pedro, una ensenada grande y bella donde vive la última comunidad hippy de Cabo de Gata. Especialmente bello es el tramo de acantilados entre San José y las playas de los Genoveses y el Mosul.

Cruce histórico de camino, polis romana, ciudad renacentista. El apabullante conjunto monumental de Antequera no ha dejado impasible a nadie que la haya visitado. Incluido el poeta Gerardo Diego, que la llamó "la ciudad de las iglesias blancas". Un fin de semana otoñal, y siempre que se vaya un poco a la carrera, daría para hacerse una idea aproximada de lo que esconde esta ciudad heredera de la Antikaria romana.
La vida social discurre en un sube y baja continuo por la calle del Infante don Fernando, desde el paseo Real hasta la plaza de San Sebastián, epicentro del casco viejo antequerano. A uno y otro lado se levantan iglesias -hay 30 en el perímetro urbano-, palacios, viejos conventos, casas solariegas y restos de las puertas de la muralla en un batiburrillo histórico-artístico que abarca casi todas las épocas y culturas habidas sobre la península Ibérica.
Luego hay que subir por la cuesta de San Judas hasta la plaza de Santa María la Mayor, a través del arco de los Gigantes. El edificio señero de esta zona alta y antigua de Antequera es la real colegiata de Santa María la Mayor, el primer edificio renacentista de Andalucía. En el Museo Municipal se puede ver el Efebo de Antequera, emblema de la ciudad, una estatua de bronce que representa un muchacho en una postura muy grácil; los expertos lo han datado en el siglo I.

4. El castillo de La Calahorra y la comarca del Marquesado (Granada)
 La fama del cercano Guadix la ha ensombrecido, pero esta comarca granadina, a los pies de Sierra Nevada y conocida como el Marquesado (por el marqués de Zenete, antiguo señor feudal), es uno de los rincones más deliciosos y desconocidos que aún quedan en Andalucía. El punto cardinal es el castillo de La Calahorra, una original fortaleza con cuatro torreones rematados por cúpulas que corona un cerro alomado a las afueras de esta localidad. Fue residencia de don Rodrigo de Vivar y Mendoza, conde del Cid y marqués de Zenete, hijo reconocido del cardenal Mendoza.
El baluarte empezó a construirse en 1509 por arquitectos españoles, encargados de la parte militar, e italianos, comisionados del palacio renacentista en el que viviría el marqués. El resultado es un fabuloso recinto de gustos italianizantes que el marqués sólo utilizó desde 1512 hasta su muerte, en 1523. En 1910, un rico estadounidense intentó comprarlo para desmontarlo pieza a pieza y llevarlo a su rancho. De los otros siete pueblos del Marquesado destaca Lanteira, con una interesante iglesia mudéjar de la Anunciación.

5. Baño árabe en Alhama de Granada (Granada)
Que alhama deriva de la palabra árabe usada para definir unos baños es de sobra conocido. Y que un pueblo de nombre Alhama de Granada conserve aún unos excelentes baños de origen hispanomusulmán es una conclusión lógica. La Alhama granadina se alza sobre una hoz del río homónimo en la comarca del Poniente, en la ruta histórica entre Granada y Málaga.
Su barrio antiguo, blanco, laberíntico y respetuoso con la tradición arquitectónica, es una joya del legado andalusí. Sobre sus tejados sobresale la torre de la iglesia de la Encarnación, construida sobre la mezquita aljama; un antiguo pósito de grano, que antes fue sinagoga, y la Casa de la Inquisición, de estilo gótico isabelino, aunque fue reconstruida en 1950.
Pero lo que le da importancia y nombre al pueblo es su balneario, en un soto del río a tres kilómetros. Era explotado ya por los romanos y aún se conserva un puente dedicado al emperador Augusto. Veinte siglos de historia del cuidado corporal que quedan resumidos en el manantial original, donde se conserva el suelo romano y los arcos califales originales del siglo XII.

6. Ruinas de Itálica (Sevilla)
Cuando se visitan las ruinas de la ciudad construida por Publio Cornelio Escipión durante las guerras púnicas contra Cartago, y ampliada luego por Adriano, cuesta pensar que toda esta magnificencia fuera arrasada de tal manera que hasta 1871 los bueyes araban el terreno de labor que la cubría.
Desde entonces, lo que ha ido apareciendo nos habla de una hermosa ciudad diseñada en forma de cuadrículas con amplias avenidas perpendiculares. Puede verse aún el empedrado de las vías, la planta de las casas, el sistema de alcantarillado y muchos mosaicos que cubrían los suelos de las villas. Por desgracia no hay grandes edificios ni estructuras que sobresalgan más allá de unos palmos de la superficie, si exceptuamos el anfiteatro, el conjunto de mayor interés del yacimiento.
Impresionan su gran capacidad, 25.000 espectadores, y su buen estado de conservación. Un paseo por la arena aún acongoja aunque haga casi dos mil años que las gradas quedaron vacías.

7. Safari en El Castillo de las Guardas (Sevilla)
La moda de reconvertir antiguas minas a cielo abierto en parques zoológicos con animales en semilibertad también llegó a Andalucía. Tras el cierre definitivo de las minas de Río Tinto se puso en marcha un programa de recuperación económica de la comarca. En él se encuadró la iniciativa de reconvertir la explotación minera a cielo abierto de El Castillo de las Guardas, localidad de la provincia de Sevilla pero limítrofe con Huelva, en un gran zoo al aire libre. De sus entrañas se extraía oro, cobre y hierro desde época tartésica.
Como es de suponer, siglos de actividad a cielo abierto dejaron un paisaje lunar, erosionado y muy salvaje sobre el que ahora se ha actuado para hacerlo hogar de tigres de Bengala, elefantes, jirafas, osos pardos, dromedarios, cebras, rinocerontes, leones y un largo etcétera. La reserva natural del Castillo de las Guardas ocupa un total de 230 hectáreas, con un recorrido asfaltado de 15 kilómetros que se visita en el vehículo propio. Hay también espectáculos de aves rapaces y leones marinos.

8. Enoturismo por Montilla-Moriles (Córdoba)

El enoturismo está de moda. Y si hay un nombre en Andalucía, tierra de vinos por excelencia, que reúna todas las condiciones para hacer posible esta forma de viajar en busca de la cultura de la vid y sus nobles derivados es Montilla-Moriles. Dos localidades cordobesas de la comarca de la Subbética que han unido sus topónimos para formar una de las denominaciones de origen de vinos finos más famosas de España.
Los viñedos acogidos a la D.O. incluyen también los términos municipales de Doña Mencía, Montalbán, Monturque, Nueva Carteya y Puente Genil y parte de los de Aguilar de la Frontera, Baena, Cabra, Castro del Río, Espejo, Fernán-Núñez, La Rambla, Lucena, Montemayor y Santaella. Pueblos en los que todo huele a vino y todo gira en torno a la bodega, como el visitante puede apreciar nada más entrar en Montilla, donde está uno de los nombres míticos: Bodegas Alvear. El fino de Montilla-Moriles es un vino generoso, de color amarillo, tonalidades oliváceas y multitud de olores. Otros caldos famosos de la zona son el oloroso, el amontillado y el célebre y exquisito Pedro Ximénez, pura "miel de uva", como les gusta llamarlo a los cordobeses. www.rutadelvinomontillamoriles.com

9. Los castañares del valle del Genal (Málaga)
La serranía de Ronda es un conjunto de montañas de alto valor ecológico que van más allá de la leyenda de bandoleros. Uno de sus rincones más recomendables para una ruta otoñal es el alto Genal, conocido también como la ruta de los Castaños, por los bosques que tapizan el fondo de sus valles. Al Genal se llega desde Ronda capital por la carretera de San Pedro de Alcántara. A 11 kilómetros se tuerce a la derecha por una carreterita asfaltada que se interna por el valle en busca de pueblos pintorescos con nombre de raíces moriscas, como Parauta, Cartajima, Pujerra o Júzcar.
En estas fechas, los castaños, que se cuentan por miles, empiezan a preparar su floresta para el invierno y colorean el valle con una fiesta de tonos amarillos y ocres tan efímera como espectacular. Cartajima es uno de los núcleos mejor conservados; Pujerra y Júzcar están rodeados de castaños centenarios y bonitos paisajes de ribera. Faraján tiene servicios para el viajero y varias iglesias. Aunque el templo de mayores dimensiones de todo el alto Genal es la iglesia de San Antonio de Padua, en Alpandeire, un edificio enorme para la simplicidad de la arquitectura popular serrana, que data del siglo XVI. Una red de senderos señalizados une todos los pueblos. 

10. Cicloturismo por la Vía Verde de la Sierra (Cádiz)
Fue una de las primeras en integrar la red de Vías Verdes española. Y está considerada una de las modélicas, tanto por su gestión como por la belleza del entorno que la envuelve. Es la Vía Verde de la Sierra, un tramo de 35 kilómetros de senda exclusiva para caminantes y ciclistas entre la localidad gaditana de Puerto Serrano y la sevillana de Olvera, aunque casi todo su recorrido discurre por la provincia de Cádiz.
Se han logrado salvar y recuperar 4 puentes, 30 túneles y 5 estaciones de este ferrocarril que nunca llegó a entrar en funcionamiento. Las estaciones de ambos extremos de la vía (Olvera y Puerto Serrano; este último está temporalmente cerrado por reformas) acogen ahora sendos hoteles con restaurante, que permiten alojarse en la propia vía, sea cual sea el sentido de marcha elegido. En otra antigua estación, la de Zaframagón, se ha instalado el centro de interpretación de la Vía Verde de la Sierra. El centro está al pie del paraje estrella de esta ruta: el Peñón de Zaframagón, unos altos cantiles que acogen una de las mayores colonias de buitres leonados de Europa.
Una de las actuaciones que más llaman la atención a los visitantes de esta vía son las cámaras de vídeo instaladas en la peña, junto a las buitreras. Desde las pantallas instaladas en el centro de visitantes, los usuarios pueden manejar las cámaras para enfocarlas a los nidos y observar en directo y con un grado de aproximación increíble la vida al natural de los buitres leonados.

11. Del Tinto al Odiel (Huelva)
Existe una Huelva costera, luminosa, blanca y silente con multitud de atractivos para una escapada al sol otoñal, que aquí, en el sur de Europa, todavía calienta en estas fechas. Está entre los ríos Tinto y Odiel. Y ofrece lugares tan emblemáticos como el paraje natural de las Lagunas de Palos y las Madres, un complejo lacustre con humedales y dunas que no se achica ante la cercana Doñana, por más que estén rodeados de un cerco industrial. Luego viene el monasterio de La Rábida, donde la historia oficial coloca el inicio de la gesta colombina que llevaría al descubrimiento de América. Sencillez franciscana en un monasterio clave en la historia del mundo hispanohablante.
En Palos de la Frontera, de donde partieron las naos de Colón, se ha recreado la Casa-Museo Martín Alonso Pinzón, con maquetas y cartografía antigua que ponen de relieve la hazaña del descubrimiento. Y ya en Moguer, una visita casi de peregrinaje a la Casa-Museo Zenobia y Juan Ramón Jiménez, que mantiene intacto el ambiente y las estancias de la época del poeta, que vivió aquí entre los seis y los 30 años. La ruta se puede completar con una visita al cementerio municipal, donde están enterrados el autor de Platero y yo y su inseparable Zenobia Camprubí

12. Senderismo por el río Borosa (Jaén)
El Borosa es un afluente del Tajo que para llegar a él tuvo que excavar profundos cañones en la sierra de Cazorla, donde nace. Una pista en paralelo al cauce permite aprovecharlo para acceder al corazón de este parque natural jienense. La senda del Borosa es una de las excursiones más bonitas y sencillas que se pueden hacer en Cazorla. Se accede desde la carretera que cruza el parque, a la altura de la Torre del Vinagre. Allí sale una carretera que baja hasta la piscifactoría, el centro de interpretación fluvial (un pequeño museo sobre el agua y la red hidrográfica de la sierra) y el aparcamiento que hay junto a la cadena que cierra el paso a vehículos a motor. 
En ese punto empieza la caminata. En una hora se llega a la Cerrada de Elías, una angostura donde el Borosa excavó el obstáculo de roca hasta formar un sinuoso pasadizo donde la luz del sol apenas entra durante muchos meses. Las paredes pulidas por la fuerza del agua y verdes por la acción del musgo y los helechos crean un mundo húmedo y oscuro donde el único ruido lo produce el río en su continuo excavar. Gracias a un sistema de pasarelas, el caminante puede atravesar este esófago de piedra y salvar la angostura casi al nivel del agua. La pista sigue hasta la central hidroeléctrica de los Órganos, a la que hay una hora más de caminata.

Autor: Paco Nadal

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